Pedro y el Capitán

Pedro y el Capitán, de Mario Benedetti

 

Con el auspicio de Casa Maíz, el grupo Teatro Libre presentó las piezas Pedro Y el Capitan, de Mario Benedetti y Extranjero de Fernando Palle en la sala de la Librería Palmerston en Toronto. El grupo de teatro experimental, dirigido por Ignacio Tapia y Fernando, Magno hizo honor a Benedetti y al teatro uruguayo en general permitiendo a la comunidad hispana estar en contacto con nuestra cultura a pesar de las distancias.

 

Extranjero es un montaje interesante en cuanto expone el dilema del emigrante latinoamericano cuando en búsqueda de un mejor vivir debe partir a otras tierras. Más duro aún resulta el regreso a la patria aunque sea después de muerto, para enfrentarse con los viejos amigos, y los muy recordados lugares de la infancia. La obra presenta la confronta a los personajes con la decisión de haberse ido al exterior, en buscas de sueños y una mejor vida que en realidad resultaría no tan exitosa, o al menos no tan desastrosa como haberse quedado en el mismo sitio.

 

Pedro y el Capitán, una puesta en escena más larga,  presenta el dialogo de Pedro, un hombre apresado ilegalmente por las fuerzas de seguridad del estado, con el jefe de sus captores, el capitán quien hace lo imposible por interrogarlo y sacarle información de inteligencia. Ignacio Tapia y Luis Rojas hicieron un gran esfuerzo histriónico en presentar a los personaje, aunque es muy difícil representar la interioridad sicológica de un personaje de Benedetti que se desploma mentalmente para despojarse de una personalidad comprometida con ideales para luego exteriorizase auténticamente a punta de emociones.  La pieza en general resultó buena, montada sobre la genialidad de las palabras y los diálogos de Benedetti.

Sobre la pieza teatro, el propio Benedetti la introduce: “Va a ser una larga conversación entre un torturador y un torturado, en la que la tortura no estará presente como tal, aunque sí como la gran sombra que pesa sobre el diálogo. Pienso tomar al torturador y al torturado no sólo en la prisión o en el cuartel, sino mezclados con la vida particular de cada uno.” Bueno, pues eso es en realidad Pedro y el Capitán. Yo definiría la pieza como una indagación dramática en la psicología de un torturador. Algo así como la respuesta a por qué, mediante qué proceso, un ser normal puede convertirse en un torturador. Ahora bien, aunque la tortura es, evidentemente, el tema de la obra, como hecho físico no figura en la escena. Siempre he creído que, como tema artístico, la tortura puede tener cabida en la literatura o el cine, pero en el teatro se convierte en una agresión demasiado directa al espectador y, en consecuencia, pierde mucho de su posibilidad removedora. En cambio, cuando la tortura es una presencia infamante, pero indirecta, el espectador mantiene una mayor objetividad, esencial para juzgar cualquier proceso de degradación del ser humano.”

Pedro y el Capitán

 

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