Dánae, princesa de Argos

    En la mitología griega, Dánae era una bella e inocente princesa quien habitaba en Argos. La ciudad se situaba en el golfo de Tirinto y era capital de toda la Argólide, en el Peloponeso griego y desde donde gobernaban, alternándose, dos mellizos: los reyes Acrisio y Preto, hijos del famoso guerrero Abante. Acrisio era esposo de Eurídice, y de su matrimonio nació una hija: Dánae. Ésta vivió una infancia feliz, ajena a la rivalidad que había entre su padre y su tío, provocada por la alternancia en el trono. Esta rivalidad fue aumentando debido a la imposibilidad de Acrisio de obtener un hijo varón, y a las miradas insinuantes de Preto hacia su hija Dánae, que hasta se le aparecían en pesadillas.  Decepcionado por no tener un heredero varón, Acrisio acude al oráculo de Delfos para saber si esto alguna vez cambiaría. El oráculo no solo le dice que nunca tendría heredero sino que moriría a manos de su propio nieto.

     Para evitar esta aseveración, el rey Acrisio recluyó a su hija en una cámara subterránea o en una torre de bronce, totalmente sellada. Sin embargo, el todopoderoso Zeus, el más enamoradizo de los dioses, se enamora de ella y trata de poseerla recurriendo a una de sus múltiples engaños o metamorfosis con mortales (ya se había convertido en cisne para unirse a Leda, adoptado la apariencia de Anfitrión para poseer a su esposa Alcmena, se transformó en  toro manso para amar a Europa, en la mismísima diosa Artemis para yacer  con su ninfa Calisto). Todo ocurrió en una noche estrellada, Dánae yacía desnuda en su lecho mientras soñaba con la ansiada libertad, cuando por una de las rendijas de la cámara, apareció Zeus, quien transformándose en una suavísima lluvia dorada, entró dentro de la habitación. Así, gota a gota, fue cayendo Zeus sobre el cuerpo desnudo y asustado de Dánae, impresionada por tan importante visita. Estas gotas doradas, uniéndose en un abrazo luminoso y vibrante, la poseyeron, introduciéndole la semilla de una nueva vida: la del futuro héroe Perseo.

     Según unos autores, durante algún tiempo Dánae crió a su hijo en secreto, otros dicen que justo después de dar a luz, Acrisio descubrió la verdad. Tras conocer la espantosa noticia encerró a su hija junto con el niño en un arca o cofre y los arrojó al océano. Así iniciaron los dos, Dánae y el pequeño Perseo, el viaje dentro del arcón que gracias a los vientos favorables y a las olas impulsadas por Poseidón, llegó a la isla de Sérifos, logrando salvarse de un seguro ahogamiento y donde fueron rescatados por el pescador Dictis que los acogió en su casa.

      Más tarde, el rey Polidectes se enamoró de Dánae y trató de alejar a Perseo de su madre, haciéndole prometer que traería la cabeza de una de las górgonas, que petrificaban a quién las mirase tal como puede verse en la película Furia de Titanes (2010).  De regreso a Sérifós con Andrómeda, Perseo se venga del rey (quién había tratado de violar a su madre y había huído al templo de Atenas) y lo petrifica con la cabeza de la górgona Medusa.

      Con Dánae, Perseo viaja de vuelta a Argos, de donde salió huyendo Acrisio al recordar la profecía del oráculo. Pero, el viejo rey al asistir en Larisa a unas competiciones atléticas donde Perseo participaba como atleta, fue mortalmente golpeado por un mal lanzamiento de disco efectuado por Perseo.

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3 comentarios en “Dánae, princesa de Argos

  1. Todas las tragedias griegas, aún las relacionadas con la mitología expresan el cumplimiento del destino, del que ningún personaje puede escapar.

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