Nela

Marianela

 

Jamás oyó la Nela que se la llamara michita, monita, ni que le dijeran repreciosa, ni otros vocablos melosos y conmovedores con que era obsequiado el gato.

Jamás se le dio a entender a la Nela que había nacido de criatura humana, como los demás habitantes de la casa. Nunca fue castigada; pero ella entendió que este privilegio se fundaba en la desdeñosa lástima que inspiraba su menguada constitución física, y de ningún modo en el aprecio de su persona.

Nunca se le dio a entender que tenía un alma pronta a dar ricos frutos si se cultivaba con esmero, ni que llevaba en sí, como los demás mortales, ese destello de eterno saber que se nombra inteligencia humana, y que de aquel destello podían salir infinitas luces y lumbre bienhechora. Nunca se le dio a entender que en su pequeñez fenomenal llevaba en sí el germen de todos los sentimientos nobles y delicados, y que aquellos menudos brotes podían ser flores hermosísimas y lozanas, sin más cultivo que una simple mirada de vez en cuando. Nunca se le dio a entender que tenía derecho, por el rigor mismo de la Naturaleza al criarla, a ciertas atenciones de que pueden estar exentos los robustos, los sanos, los que tienen padres y casa propia; pero que corresponden por jurisprudencia cristiana al inválido, al pobre, al huérfano y al desheredado.

Marianela, Benito Pérez Galdós

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